Napoleón es considerado como uno de los mayores genios militares de la Historia, habiendo comandado campañas bélicas muy exitosas, aunque con derrotas igualmente estrepitosas.
Rasputín, o «el monje loco», fue un místico ruso con una gran influencia en los últimos días de la Dinastía Románov.
Pero la historia tiene múltiples puntos de vista, y desde otro prisma más actual, el valor específico con el que se mide a estos dos protagonistas del panorama histórico europeo reside en tamaño de su pene: mientras el del emperador francés medía 4,1 cm. (2,56 leeréis, pero yo creo que eso es lo que queda tras el corte durante su autopsia), el del monje medía 31 cm.
El valor económico, evidente, también difiere: en 1999 se vendió el miembro de Napoleón por 4.000 dólares en una subasta y John Lattimer, un urólogo estadounidense recientemente fallecido, se convirtió en su nuevo propietario. El pene de Rasputín fue comprado por 8.000 dólares, después de comprobarse que efectivamente se trataba del miembro viril del monje. Actualmente se exhibe en el museo erótico de San Petersburgo.
Desde luego, manda cojones. Que a uno de los hombres más poderosos de la historia se le termine recordando como aquel cuyo desorden endocrino limitó el crecimiento normal de sus genitales, le hace a uno replantearse los objetivos vitales. Y la incineración.