Ya no hay que preocuparse más por la crisis. El mundo se acaba… otra vez.
Cada año surge una docena de noticias de este tipo, pero siempre está bien hacerse eco, por si alguna vez es la buena.
Será en septiembre concretamente, si los amigos del CERN no postponen la prueba del acelerador de partículas que va a cambiar el mundo o a acabar con él, según quién lo diga.
Lo cierto es que va a cambiar el mundo pase lo que pase, porque si los experimentos dan algún resultado, los científicos podrán explicar cosas como qué es el bosón Higgs, el último eslabón que faltaba de la llamada Teoría Standard de la física de las partículas elementales, que en círculos especializados es apodada «la partícula de Dios», pues es responsable de la masa de toda la materia existente en el universo.
Si, por el contrario, no da ningún resultado concluyente, cosa que es bastante probable, cambiará la concepción de inversión científica pertinente, porque muchos dirán: «para eso, con ese dineral podían haberse traido a Cristiano Ronaldo al Madrid o hacer infraestructuras en África para que dejen de venir en cayucos, lo que más rabia les dé». Pero volver a gastarse ese dineral en un círculo de imanes que no hace nada, como que no procede.
Y si el mundo se traga a sí mismo, pues obviamente también cambiará bastante la situación.
Existe otra posibilidad. Que se vuelva a postponer el experimento de nuevo. Yo apuesto por esta. Y es que, mientras coexistan todas las hipótesis, la ilusión y la incertidumbre no nos la quita nadie.