Hoy, mientras todos estamos pendientes del Pulpo Paul, algunos ponen una vela a Robben y compañía, deseando que por fin el octópodo alemán se equivoque por primera vez.
Y es que después de miles de años de evolución genética, confiamos más en las preferencias alimenticias de un Pulpo de acuario que en la capacidad racional para preveer el futuro según nuestras percepciones.
Aunque viendo en la noticia de El Mundo las habilidades adivinatorias de los responsables de marketing de Banesto, es lógico que prestemos más atención a Paul, aunque sólo sea por su infalibilidad.
Esperemos que dure hasta el domingo.