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Cuando veas las barbas del vecino cortar, pon una barbería

El efecto dominó causa estragos en el tejido empresarial de este país. Y los emprendedores, en lugar de ser una estirpe dinámica y perspicaz, se han transformado en una casta de quejicosos liderados por un señor que deja colgados a clientes, trabajadores y proveedores, fiel reflejo de algunos a los que representa, que se lamentan de la crisis mundial, protestan por el gobierno nacional, reclaman al regional y suspiran por el futuro que seguro llegará.

Pero mientras llega, siguen cerrando negocios, y siguen lamentándose. Y analizando con más precisión, habría que preguntarles: ¿Por qué elegiste un sector tan maduro e inflado como la construcción? ¿Por qué pensaste que podrías aportar algo en el sector tecnológico sin ninguna formación? ¿Por qué empezaste a hacer lo que te gustaba sin pensar en qué necesitaba la gente?

Es cierto que la desgracia o las malas compañías han sido y serán motivo de muchos concursos de acreedores, pero cada vez hay más empresarios que no cumplen las premisas que desde hace siglos han moldeado a los burgueses (mercaderes o artesanos en la edad media tardía): trabajo, visión de futuro y decisión.

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