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Maneras de ganar

Como decía Rosendo, existen «maneras de vivir». Y también existen maneras de pensar, de sentir y de morir. Incluso «maneras de ganar», que también son muchas.

Este mes de noviembre hemos asistido a dos victorias de tipos muy parecidos en el físico, aunque no en las formas: Barack y Lewis.

El primero, cuyo padre biológico murió en un accidente automovilístico, ha ganado brillantemente las elecciones que le dan un trono mundial y le ponen en el punto de mira de todos.

El segundo, cuyo padre sigue de cerca cada uno de sus movimientos, ha ganado también el cetro mundial que le acredita como el más rápido sobre un coche de carreras. Pero lo ha hecho de la forma más sórdida, mezquina y miserable: en la última curva de una carrera en la que no quiso demostrar en ningún momento por qué merecía ser campeón. Al final, la suerte se alió con este joven imberbe, que se convirtió en el campeón más joven de la historia (ya había sido el primer negro de la fórmula 1).

Ambos serán recordados, no cabe duda, por sus mé ritos y sus valores. Ambas historias acaban de empezar y su camino está por andar, pero lo cierto es que la reflexion sobre como han afrontado cada uno la recta final de sus respectivas carreras nos deja una pregunta: ¿Vale lo mismo una victoria que otra?

En una reciente encuesta del diario «Times», los lectores ingleses han elegido a Alonso como el mejor piloto del año.

Hamilton tiene un gran obstáculo. Cuando ganas, pero la gente percibe que otro es mejor, poco más puedes hacer para cambiarlo. Quizás cambiar de actitud y ser más valiente.

El problema de Obama es otro. Durante la campaña gastó más de 50 millones en seguridad. En su caso, ser cauto y previsor es una obligación más del cargo. No puede olvidar que el pueblo que le ha elegido presidente es el mismo donde asesinaron a Martin Luther King, Kennedy y Malcolm X.

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