¿En qué se parece un pato cojo a un pato viudo? En que los dos se quedaron sin pata.
Esta es una historia singular, que sin embargo se repite cada día en Internet.
En cualquier página de cualquier remoto lugar de la webesfera (en este caso forocoches ¿?) alguien suelta un rumor infundado (Caja Castilla-La Mancha está en quiebra), y una serie de casualidades y causalidades hacer crecer la bola de nieve hasta que un diario nacional se hace eco, sin ningún interés en particular y como quien no quiere la cosa, apoyándose en que es noticia que un forero anónimo haya calumniado gravosamente a una entidad financiera.
Esto ya sucedía hace años, gracias a los medios de comunicación masiva. De hecho, este mismo fenómeno lo estudiábamos en la facultad de CC. de la Información en el año 96, cuando yo empecé mi primer curso y elegí Opinión Pública como asignatura optativa.
Pero Internet entonces estaba en pañales, y ahora es la más poderosa herramienta que nunca ha tenido la gente e a pie. Eso ha cambiado el esquema de forma radical. Para bien y para mal.
Uno de los mayores retos en el futuro, será acomodar la libre expresión que impera en Internet a un Estado de derecho donde todos tenemos la seguridad de que nadie puede quebrantar nuestra imagen impunemente.
«Antes se coge a un mentiroso que a un cojo», debió pensar el difamador antes de buscarse un apodo. Y mientras nadie dé la cara por hechos como este, seguirá existiendo la calumia libre, como sucedía en la ilustrada Florencia del siglo XV, donde se instalaron en las iglesias cajas (tamburi) donde los ciudadanos podían denunciar de forma anónima actos de sodomía u otras infracciones (Leonardo da Vinci y Maquiavelo fueron algunos de los acusados).
Este post está dedicado a quien me contó la historia del pato cojo. Un lector confeso de Expansión.
Cada loco, con su tema.