Un antiguo catecismo (P. Astete) decía que la fe consiste en creer lo que no vemos.
Aunque es una práctica poco aconsejable, a veces merece la pena. Los que trabajamos gracias a Internet, hacemos un acto de fe cada vez que encendemos un portatil, con el propósito de engancharnos a una red invisible, una tela de araña sin tela y sin araña.
Y funciona. Eso produce un bienestar y una confianza que muchas religiones quisieran. Si no fuera porque a veces Telefónica mata moscas con el rabo y nos quedamos sin red, sería perfecto.